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No me salga con esta vacilada, señor alcalde

Éste no es payaso, es un remedo apenas.

Un favor les pido, no me los ofendan de esta manera tan grosera. Los payasos son algo serio que merecen todos mis respetos.

Desde chavalillo, cuando no sabía casi nada de lo que había después de los límites del “Kilómetro 71”, hoy Nicolás Bravo, esos personajes, con su desfachatez y su alegría, convirtieron mi pequeño entorno en un torrente de carcajadas interminables.

Me llevaron felicidad a borbotones y eso, aparte del agradecimiento eterno, no hay otra forma de pagarlo.

Llegaban con su tambache de alegría dos o tres veces al año cargando a cuestas sus cirquitos de lonas muy parchadas. Los payasos, la bailarina y el chango que se jugaba las talegas, eran las estrellas del espectáculo. No se necesitaba más para deslumbrar a aquella casi salvaje manada de chamacos.

Que los políticos hoy intenten remedar hasta a los payasos con tal de caerle bien a los electores, es otra cosa.

Este personaje, Erick Borges, alcalde de José María Morelos, lo que hace es una burla hacia mis muy queridos y admirados payasos.

Alguien debería decirle que ya está algo grande y estudiado -creo- para caer en ese tipo de espectáculos.

Al electorado se le gana siendo eficiente en el desempeño de su encomienda y no coqueteando con la ridiculez a cada rato.

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