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El último Mohicano

Alguna vez hubo en Chetumal un policía honesto, aunque muchos no lo crean. José Manuel Monsreal Reynoso se llamaba y era un lujo para los habitantes de la capital, quienes no tenían ningún empacho en reconocerle las cualidades que le dieron fama, aún cuando en la corporación no era tan bien visto que digamos.

En alguna ocasión el monero y texticulero, en plática con un alto jefe policiaco tuvo a bien comentarlo y la respuesta del directivo no fue tan favorable que digamos.

Alguna vez hace ya varios años, en pleno centro de la ciudad, detuvo a la comitiva de un gobernador por considerar que su chofer no  respetaba los señalamientos de tránsito. Cosa que luego ameritó una severa reprimenda por parte de sus jefes. Agravio que el propio jefe del Ejecutivo lavó al hacer una llamada para felicitarlo por su celo en hacer cumplir las normas de vialidad como es debido.

Era una rara avis, un personaje admirable y temible a la vez por la forma de aplicar la ley a rajatabla, sin matices, sin pedir los billetucos para el “chesco”.

Muchos automovilistas se ponían a temblar cuando por el espejo retrovisor lo veían venir en su motocicleta y al pasar les dirigía esa mirada de águila que parecía decir: “andas ‘chueco’, ¿verdad, pillín?”.

Hoy, por las redes sociales, me entero que este famoso personaje ha emprendido el viaje eterno.

Se nos fue un cristiano que en su tiempo honró a la corporación en donde laboraba.

Buen viaje, comandante, con vía libre y sin infracción alguna en el camino.

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