
No es común ver a un alto jefe militar pasando apuros cuando la emoción, emboscada, lo convierte en víctima precisamente en los momentos en que da un parte de guerra en la que junto con sus tropas ha salido con la mano en alto.
Le sucedió hoy al titular del ejército mexicano, Ricardo Trevilla Trejo, durante la mañanera de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Ahí estaba el general bien plantado, informando respecto a los sucesos que este domingo conmocionaron a un país entero.
Con la sobriedad de palabras que caracteriza a los mandos militares, el alto jefe castrense casi finalizaba cuando los sentimientos le cayeron por sorpresa, como en la guerra de guerrillas, desconcertándolo por completo.
Las palabras del militar sonaban fuertes, vigorosas, con la plena intención de transmitir el orgullo que se siente tras cumplir con la misión encomendada.
Y de pronto, ¡zaz!, al momento de mencionar a sus compañeros caídos en el cumplimiento del deber la saliva se hizo espesa como el atole y obligó a reclinar la cabeza para hacer una pausa porque simple y sencillamente le era imposible hablar con la garganta seca.
El temple, afortunadamente, vino en auxilio del general que después de varios incómodos segundos se repuso y pudo continuar con su mensaje.
El detalle no es nimio, porque nos pinta al máximo jefe militar del país emocionado, compartiendo penas como cualquier mortal ante el sufrimiento de sus compañeros de armas.
Varios que lo veían, al igual que él, ¡uf!, suspiraron por un vaso de agua que les humedeciera la garganta.
Por fortuna no tardó en sobreponerse a ese instante en que la saliva se le convirtió en engrudo.
(Crédito de fotografía a quien corresponda)






