
Hoy, no tiene mucho, Alito Moreno le metió sus buenos zapes a Gerardo Fernández Noroña.
Apenas habían terminado de entonar el himno nacional cuando comenzaron con sus dimes y diretes. Se nota que el odio los carcome a ambos. No se pueden ver ni en pintura a juzgar por la manera tan “cariñosa” como se tratan.
Como a muchos en este país, ambos me caen como patada de mula en el estómago, pero hoy, solamente por hoy, Alito me representa.
El facineroso de Noroña recibió una sopa de su propio chocolate.
Noroña, esta vez, encontró la horma de su zapato.
Tres empujones bastaron para que, escoltado por sus correligionarios, pusiera tierra de por medio.
Ambos son dos personajes nada provechosos para la República. Son dos tipos que ensucian el senado.
Son dos fulanos que han rebajado hasta los suelos el nivel de la política en este país, tan atribulado en infinidad de aspectos.
Y pensar que este tipo de shows lo pagamos todos. Hasta el aire que respiran estos mentecatos (el clima) se paga con nuestros impuestos.
En fin, el chiste es que hoy le hicieron ver su triste realidad al revoltoso de Noroña.






