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¡Uy, qué está pasando!

La política, la mayoría de las veces se convierte en una magistral partida de ajedrez.

Mover las piezas como es debido puede elevar los bonos de un buen político hasta las mismitas nubes dependiendo de la capacidad de sus neuronas.

Los gobernícolas de Tulum, no saben de eso. Al cristiano que mueve el pandero en el municipio le falta precisamente eso, la inteligencia suficiente para moverse tal como indican los principio básicos de la “grilla” de casa.

Es mucho pedirle, eso lo sabe medio mundo. Llegó de pura chiripa al poder y atolondrado como es, poco ha hecho para sacar adelante al municipio que hace agua por todos lados.

Por eso, Jorge Portilla siempre se lo lleva de calle en eso de las relaciones públicas. Sabe moverse como pez en el agua y eso le permite comerles el mandado las veces que quiere a los dizque políticos que han sentado sus reales en el palacio municipal.

Recientemente acalambró a medio mundo con esa fotografía en donde se le ve muy sonriente junto a Rafa Marín, ese personaje que suele alborotar el avispero cada que pone un pie en el estado.

De inmediato el “grillerío tulunmita convocó a reuniones furtivas para analizar el caso.

Perder el control del municipio es algo que aterra a las huestes fuereñas que se empoderaron desde el trienio anterior y eso les provoca pesadillas cada que logran a medias conciliar el sueño.

Hay billete en abundancia y eso es un atractivo que a los políticos balines les pone los ojos cuadrados y los anima para hacer malabares y medio con tal de seguir mangoneando los destinos del municipio en desgracia.

Jorge Portilla le ha puesto otra vez el cascabel al gato y en este momento las urticarias en Tulum están a la orden del día.

(Crédito de fotografía a quien corresponda).

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