CAFÉ DE ALTURA
Javier Chávez Ataxca
La niña chetumaleña Jazmine Iridian Jiménez Ramos iba a pie a una tienda de la colonia y fue interceptada por un hombre en bicicleta, hace 17 años. Al inicio con engaños y al final con amenazas y a la fuerza, el depredador la llevó a una zona enmontada y la violó y mató con cuchillo.
La búsqueda de la pequeña de 10 años se prolongó todo el sábado y hasta el amanecer del domingo, cuando el cuerpecito fue localizado en la desembocadura de la avenida Maxuxac, entre maleza y arbustos.
El asesinato ocurrió el 22 de noviembre de 2008, en el apogeo del gobierno de Félix González Canto. La búsqueda del asesino con retrato hablado fue alta prioridad para el Procurador de Justicia, Bello Melchor Rodríguez y Carrillo, hasta que fue localizado el albañil Aníbal Madrigal, quien alimentó su culpabilidad al escapar y refugiarse con familiares en un rancho de Campeche.
Dos largos años con ocho meses permaneció Aníbal en el Cereso de Chetumal, hasta que recibió sentencia absolutoria. La justicia quintanarroense había metido las cuatro patas al castigar corporalmente a un inocente, exhibiéndolo como criminal y sin ofrecerle disculpas al devolverlo a la calle.
El asesinato de Jazmine Iridian había quedado impune y la resignación cubría a su familia, pero ayer la Fiscalía General del Estado anunció que un Juez otorgó el auto de formal prisión a José, “El Chilango”.
“La víctima logró lesionar al señalado con el cuchillo con el que finalmente él la privó de la vida”, detalla la Fiscalía en su comunicado.
Según el periodista chetumaleño David García (NMX Noticias), quien ha hecho una cobertura de diez al hecho noticioso, José “El Chilango” era “viene viene” del Bodega Aurrerá de la avenida Erick Paolo Martínez con Constituyentes. Y así trabajó por muchos años, oculto en la muchedumbre.
Que “El Chilango” no sea una nueva versión de Aníbal Madrigal, es lo que nos queda por pedir.






