Alerta Roja

El trágico descarrilamiento del Tren Interoceánico huele a codicia criminal, al abrigo de AMLO

CAFÉ DE ALTURA
Javier Chávez Ataxca

Independientemente de los colores del partido en el poder, una obra del gobierno federal tiene que garantizar niveles de calidad y confiabilidad próximos a la excelencia, sea una autopista, una refinería o un ferrocarril.

Para ello nadan en millones y pueden pagar los mejores estudios técnicos, dejando que chinos y japoneses se encarguen del proyecto de un tren en su totalidad, porque ellos son los que sí saben y se evita la corrupción que nos distingue. 

La tragedia ocurrida este 28 de diciembre en Oaxaca, cuando el Tren Interoceánico descarriló y provocó la muerte de 13 pasajeros —dejó 98 heridos, cinco de gravedad—, tiene que ser un mazazo en el corazón del gobierno federal morenista, obligado a ponerse al lado del “pueblo bueno” en los hechos, no de palabra mareadora.

El Tren Interoceánico es una obra con zonas nebulosas en su armado e indebidamente lo maneja la Marina. Ellos no son expertos porque lo suyo son los buques, botes de vela y chalupas.

Caiga quien caiga, la Presidenta Claudia Sheinbaum tiene que garantizar una investigación hasta la entraña del negocio gigantesco hecho con el Tren Interoceánico que conecta a Salina Cruz (Oaxaca) con Coatzacoalcos, en el sur de Veracruz.

Y ya sabremos si entre los culpables aparece Gonzalo López Beltrán —cachorro del expresidente Andrés Manuel López Obrador— con su amigo Amilcar Olán, pero no adelantemos vísperas.

El video es de Azteca Noticias con fragmentos de Latinus.

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