CAFÉ DE ALTURA
Javier Chávez Ataxca
Don Hernán Pastrana Pastrana fue el segundo presidente municipal del PRI en Othón P. Blanco –a partir de 1978– y lo hizo muy bien, respaldado por el primer gobernador electo en las urnas: el chetumaleño Jesús Martínez Ross. Su recuerdo es inevitable cuando un cincuentón quesobolero pasa por el Zoológico Payo Obispo, de la avenida Insurgentes.
En 2018 el fatigado boxeador fue candidato de Morena y se instaló de nuevo en el Palacio de la avenida Álvaro Obregón. Pocos meses permaneció en la silla, porque su salud lo fue consumiendo y murió de cáncer, un 31 de marzo de 2019.
En su segunda temporada como alcalde las condiciones eran diferentes y adversas en todo, con un gobernador que metía mano a placer en todos los partidos, incluido Morena: Carlos Joaquín González.
Doblegado como mula por la pesada deuda heredada por el priista Andrés Ruiz Morcillo, con el rapaz contrato otorgado a la empresa fantasma Avances Lumínicos para instalar lámparas de Leds, el Ayuntamiento dependía casi por completo de la buena voluntad del gobierno del estado y los conflictos internos fueron una calamidad para Don Hernán.
El relevista experredista Otoniel Segovia Martínez no estuvo a la altura del desafío y como varios de Morena fue ponchado en su turno al bat.
El prestigio fue el sello distintivo de Don Hernán Pastrana, un ceremonioso caballero siempre accesible y preocupado por la trayectoria de su municipio, estado y país. Con su muerte disminuyen los hombres y mujeres con talento político, blindados contra la epidemia de la corrupción.
Pienso en Chetumal y el resto de los municipios y es una proeza encontrar a cinco o seis como el chetumaleño Hernán Pastrana, porque aunque vistan de Morena, corruptos se quedan.






