Déjame te Cuento
Ángel Solís
Son las 6:33 de la mañana de este lunes 2 de marzo, y estoy sentado enfrente de las oficinas de la Delegación del Bienestar en Chetumal, ubicada a unos pasos de las Fiscalía General del Estado (FGE) y del Hospital del IMSS. Prácticamente acampé en la calle para esperar la llegada de Rafael Marín Mollinedo a su nuevo trabajo, esto luego que su gente filtrara que hoy por fin llegaba a la capital para arrancar su precampaña a la gubernatura, pero fue una falsa alarma.
Y es que la noche de este domingo, a través de mensajes de texto, seguidores que se dicen “cercanísimos” al político de origen tabasqueño daban por hecho el madruguete de Marín Mollinedo al grupo de poder en el estado que encabeza la gobernadora cancunense Mara Lezama Espinosa. Decían que alrededor de las 7 de la mañana arribaría a sus nuevas oficinas en Chetumal y pasadas las 9 de la mañana iba a ser presentado al personal.
El cargo de delegado del Bienestar o Superdelegado en Quintana Roo se encuentra vacante, ya que desde el pasado 31 de enero quien fuera su titular, Arturo Abreu Marín —otro tabasqueño, por cierto—, renunció por los achaques de su avanzada edad (85 años), por lo que la silla de la superdelegación ya está cubierta de telarañas y polvo.
Emocionados sus seguidores, afirmaban que Marín Mollinedo ya recogió sus cosas de sus lujosas oficinas de la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM), para venir a Chetumal a instalarse en las abandonadas oficinas chetumaleñas del Bienestar, cuyo edificio se cae en pedazos, ya que la última capa de pintura y manita de gato fue aplicada cuando se hizo el cambio de nombre para sepultar al priista “Sedesol”, esto al inicio del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, cosa de siete años con sus meses.

En la oscuridad de la madrugada, viendo pasar a decenas de padres de familia que llevan a sus hijos a la escuela, quien esto escribe tenía sus dudas del arribo de don Rafa a Chetumal, donde por cierto lo he visto en tan solo tres ocasiones, desde que Andrés Manuel López Obrador militaba en el PRD.
Pasaron las horas y pregunté a los guardias de seguridad si había algún evento programado para este lunes al interior de la delegación. Me respondieron que no había nada por el momento y difícilmente lo habría en el transcurso del día.
Y siguieron transcurriendo las horas, nos llovió, entraron y salieron trabajadores de esa oficina federal y Rafael Marín o parte de su equipo de trabajo no llegaron, aunque hay que decirlo, desde lejos o dando vueltas en sus vehículos por estas oficinas, uno que otro de sus admiradores ansiaban verlo entrar para correr a abrazarlo y ponerse a sus órdenes, con la esperanza de ser tomados en cuenta si el dedazo le favorece.
Pero Mollinedo finalmente no llegó y con ello se fueron muchas esperanzas de los malqueridos de Morena que no fueron tomados en cuenta en este gobierno marista de la 4T, y que ven a este político tabasqueño como el Mesías que viene a rescatarlos e incluirlos en las nóminas salvadoras del gobierno.
Ahora, como la viejísima canción de las “Cerezas”, dicen que para abril o para mayo por fin llegará.
Seguiremos esperando. Hasta aquí mi reporte Joaquín.






