CAFÉ DE ALTURA
Javier Chávez Ataxca
Mientras capitales como Mérida o Campeche lanzan a menudo candidatos para la gubernatura y lidera su clase política, en Quintana Roo la capital padece anemia aguda y callada resignación de sus disminuidas figuras ante la musculatura de mujeres y hombres de Cancún.
Al revisar los nombres de mujeres y hombres de Morena que van por la gubernatura se comprueba no sólo el auge del norte, sino la desgracia política del sur. Vean: Joaquín Hendricks Díaz (en la imagen) fue el último chetumaleño en Palacio de Gobierno y su mandato concluyó en 2005.
Estamos por cumplir 21 años sin un gobernador de la capital y esto equivale a la sequía de campeonatos de Brasil en las Copas del Mundo. Lo más humillante es que ni siquiera contamos con figuras competitivas que participen en Morena, cuya coalición conservará la gubernatura en 2027.
Y aquí no hay arrebatos de nostalgia, porque a diferencia de Mario Villanueva su heredero Hendricks no dio tanta jugada a los chetumaleños y se le recuerda por la inservible Megaescultura de la bahía de Chetumal, pero uno de casa puede permitir el acceso de más capitalinos a posiciones de poder, no como ahora ocurre.
Aunque el chetumaleño se niegue a aceptarlo, nuestra capital lo es de membrete y hay una causa: el tonelaje poblacional del norte turístico, con Cancún seguido por Playa del Carmen. Equivale a colocar en una báscula a un elefante y una mula de carga.
Quienes mandan tienen más diputados federales y locales y los de Cancún ocupan la mayor parte de las posiciones de la burocracia de lujo.
Es un futuro que no imaginó el chetumaleño y es una humillante pesadilla de la vida real.






