De viajes privados a las finales de la NBA

Por César Larrache
La fauna de la política está llena de contrastes: desde los que predican con el ejemplo de la austeridad, hasta sus antípodas, que gastan sin importarles nada. Y es que en estas dos últimas semanas hemos tenido, por un lado, viajes en jet privado en uno de los municipios más golpeados por la crisis financiera y, por el otro, a personajes que se van a Nueva York a las finales de la NBA.
Parece que la clase política local se está pasando por el arco del triunfo los principios de la 4T, que casualmente es el proyecto que representan… a no ser que se pinten de verde, y no precisamente por inmaduros.
La semana pasada se viralizó el video del regidor de Tulum, Eliazar Mas Kinil, a bordo de un jet privado; ahora, el director del Servicio de Administración Tributaria de Quintana Roo (SATQ), Héctor Contreras Mercader, fue captado en el exclusivo Madison Square Garden de Nueva York, derrochando en el marco de la fiebre de la NBA.
La verdad es que no está mal que disfruten los frutos de su esfuerzo; lo malo es que queden evidenciados. Como servidores públicos, están bajo el ojo del huracán y propensos al escrutinio público. Deberían ser más cuidadosos: la sociedad a la cual representan, hoy tan golpeada, ya no está para ver cómo se sirven con la cuchara grande y, encima, lo presumen en redes.
La opulencia es aquello contra lo que tanto luchaban frente a los gobiernos pasados, pero hoy se vive exactamente igual. Se han convertido en lo que juraron destruir. Para seguirlo gritando en sus discursos, sería más honesto aceptarlo como aquel famoso exalcalde de San Blas, cuyas palabras quedaron en la historia colectiva: “¿Qué le robé a la presidencia? Sí le robé, sí le robé… poquito, porque está bien pobre. Le di una rasuradita, nomás una rasuradita. Pero lo que con esta mano me robaba, con esta otra mano se la daba a los pobres, compañeros”.
Debe haber un cambio real en la política; dejar a un lado los placeres mezquinos y de verdad preocuparse por recuperar al estado. Quintana Roo y todo el país no la están pasando muy bien. Crecimiento no es igual a desarrollo, y hoy la percepción de la gente es que están peor que cuando estaban mal.
Con las elecciones a la vuelta de la esquina, estas acciones ponen en tela de juicio su futuro para mantenerse en el poder. La ciudadanía está cansada del constante abuso, y no vaya a ser que todo esto les pase factura.
