La puñalada de la isleña Atenea Gómez Ricalde al PAN demuestra que la oposición caribeña prefiere estar en Morena y Verde

Javier Chávez Ataxca
CAFÉ DE ALTURA
En estos años han sido frecuentes los brincos de figuras maya caribeñas del PRI, PAN y Movimiento Ciudadano al Verde y Morena, un matrimonio por conveniencia que reina en tierra de cojos y desnutridos.
A menudo el político cambia de barco porque su partido le ha negado la oportunidad de saltar a la cancha. Los priistas han padecido estas injusticias en propia carne, al salir con el orgullo magullado porque los que van a la cola pasan primero, por decisión del gobernador o de otro influyente.
El caso de la alcaldesa isleña Atenea Gómez Ricalde se cocina aparte:
Con los colores del PAN ella fue presidenta municipal de Isla Mujeres en 2021, porque así lo decidió el gobernador Carlos Joaquín González. Respaldada por PRI y PRD, Atenea derrotó con claridad al Chato Bacelis Godoy, postulado por Morena, PT y Verde.
Ya en la silla, Atenea pactó con Morena para ir por la exitosa reelección a la que pudo aspirar con la coalición que la llevó al poder, pero el clan Ricalde encabezado por su madre –la exalcaldesa panista Alicia Ricalde Magaña– decidió que lo mejor era apuñalar al PAN y saltar a la 4T.
Atenea pudo liderar a la oposición como panista y vaya que su partido de origen la necesita, pero prefirió el camino de la traición y ahora juega en las filas de un disciplinado morenismo que la masca, pero no la traga.
