Destrucción, esplendor y decadencia de Chetumal en 71 años

Javier Chávez Ataxca
CAFÉ DE ALTURA
Chetumal amaneció destruido el 28 de septiembre, hace 71 años; arrasadas e inclinadas sus casas de madera por el bestial huracán Janet, muchos muertos fueron depositados en la fosa común: niños, mujeres, ancianos y familias completas.
Después llegó la reconstrucción de nuestra capital, el auge impulsado por la fayuca y el contrabando y la visible decadencia con el tumor de la violencia, padecida en estos años.
Las grandes ciudades tienen una tragedia colectiva y un largo kilometraje de esplendor, como la nuestra; hay que admirar la serenidad social de aquel Chetumal, por la abundancia de gente buena y trabajadora habituada a prosperar en condiciones adversas y la ausencia de malvados, quienes rara vez aparecían.
Esa etapa gloriosa tuvo en primera fila a su clase política, desarrollada en la recta final del Territorio por el hidalguense Javier Rojo Gómez y el tabasqueño David Gustavo Gutiérrez Ruiz. Y Chetumal fue líder en política, de la mano con la isla Cozumel. Tres gobernadores de nuestra capital lo confirman: Jesús Martínez Ross, Mario Villanueva Madrid y Joaquín Hendricks Díaz.
Pero Hendricks impidió que su compadre chetumaleño Eduardo Ovando Martínez fuera candidato a la gubernatura en 2005, pese a que el senador estaba muy fuerte.
Hendricks quiso que el candidato fuera el joven cozumeleño Félix González Canto, quien dejó a otro cozumeleño en el trono: el joven Roberto Borge Angulo, impreparado, engreído y castigador con su reingeniería que dejó a cientos de burócratas sin empleo, sin que fuera necesaria esa eliminación que condenó a muerte al PRI en 2016.
Para entonces Chetumal ya era plato de tercera mesa en política y no ha salido de esa humillante posición. Su decadencia la vemos en varios flancos, porque tan sólo depende de la venta inmediata de algo y sin generar industria de la transformación, como ha hecho Mérida con tanto éxito.
Y la violencia nos azota con muertos, desaparecidos y criminales procedentes de otros estados y nacidos en casa, muchos dedicados al narcomenudeo y al cobro de derecho de piso. Son la sangre nueva y contaminada de nuestra capital.
La nostalgia fotografía de Chetumal la pescó en redes mi amigo Margarito Molina.
