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Rebelión en la granja

¡Agárrense, porque se alborotó el gallinero!

En San Caralampio los que antes obedecían sin decir pío ahora quieren decidir hasta quién se queda con los huevos.

Algo se rompió en la vieja disciplina del corral.

Esta vez el nominado llegó con la bendición de arriba, pero abajo nadie de los perdedores parece dispuesto a cuadrarse y ponerse a la orden.

Desde que San Caralampio es San Caralampio, al ungido siempre le tendieron alfombras rojas.

Lo que sea de cada quien, la anterior “aplanadora”, la tricolor, tenía más gracia para dejarle al candidato el terreno  bien planchadito.

El chiste era que el futuro gobernante no tuviera que preocuparse más que por ensayar frente al espejo una y otra vez su “cautivadora” sonrisa y practicar hasta la saciedad las palabras mágicas que, amén de las despensitas,   le granjeara infinidad de votos: “Les amo y por eso he venido a transformarles la existencia”.

Sin embargo las cosas cambiaron radicalmente. A la actual “trituradora” morenista se le ha hecho bolas el engrudo y puede que al final doble las manitas y tenga que repartir el pastel de manera generosa con los inconformes. Claro, en detrimento de los incondicionales del vencedor que se han sobado el lomo con su candidato y a quienes aún pueden vérseles los chuchulucos y los moretones que les dejó el cruento zipizape.

Hoy, en la granja sancaralampiña, los patos le tiran a la escopeta y las gallinas de abajo quieren zurrar a la de arriba.

O sea, para no entrar más en detalles, el trabajo de orfebrería que la dirigencia morenista debería haber elaborado, quedó en entredicho.

Ahora, a como van las cosas, para calmar los ánimos, en la repartidera hasta el chofer, el jardinero o la doñita que hace el aseo en las casas de los perdedores podrían terminar “representando” al pueblo como diputados en la próxima legislatura.

¡Aguas!, porque cuando las gallinas se inventan espolones, hasta el gallo tiene que dormir con un ojo abierto.

Todos quieren su tajada del “pastel” y si no alcanza, ¡gulp!, cuidado: alguien puede terminar desplumando al pastelero.

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