Vivir en ascuas


Mientras unos viven en la incertidumbre política, el monero y texticulero, así como miles de cristianos, en estos momentos viven rogando para que la CFE no repita la metida de pata del pasado lunes por la noche y nos rompa media m..aceta nuevamente.
Mientras los políticos, sobre todo los de vuelos alto, los que viven y bien, del presupuesto público, no pueden dormir porque sus candidatos aún no “amarran” ni los cordones del zapato, los de abajo, los que tienen que talonear a diario para llevar el pan a la mesa, no tienen segura ni la energía eléctrica que les vende a precio de oro la CFE.
Hoy, en dos ocasiones colapsó el suministro. Maldita sea, y en cada una de esas veces vinieron a la mente con una cruel fidelidad esos momentos terroríficos en los que uno parece un pollo ensartado en alambre por encima de las brazas.
El garabatero no quiere dormir nuevamente en una hamaca colgada de los árboles del patio bajo el riesgo de las zurradas de las gallinas y demás aves que duermen en sus ramas.
Hoy, el texticulero, al igual que muchos más, volvió a ser ese pobre diablo que vive a expensas de una inoperante empresa que cobra sus servicios como si fueran las perlas de la virgen.
¡Uf!, nos volvió a la vida el alma cada vez que se restableció el servicio. Hasta este momento, 9:16 PM, aleluya, el fluido eléctrico está vigente, sin embargo, sabiendo como se las gasta la CFE, la veladora y la hamaca están a la mano por lo que pudiera ofrecerse.
