A la precandidata cancunense Ana Paty Peralta la muestran como la sobrina ricachona que visita al pueblo pintoresco

Javier Chávez Ataxca
CAFÉ DE ALTURA
En disfrazada precampaña por la gubernatura, a Ana Patricia Peralta de la Peña –alcaldesa cancunense con licencia– la avientan sus asesores de imagen como si fuera la sobrina ricachona que llega al pueblo pintoresco y se asombra de sus maravillas para el antojo: machacados, queques, marquesitas, perros calientes, esquites con habanero, tostilocos. Uyyyyy.
Esta sobrina pudiente que estudia en el extranjero –tal impresión causa– acude a visitar a las humildes vecinas y amigas de sus familiares, pero eso sí: resaltando las bondades de los gobiernos de la Cuarta Transformación y repartiendo el periódico Regeneración a chetumaleños preparados para la escena proselitista. Otro presente no les habría caído nada mal.
El asombro de sobrina que desde niña no se paraba por el pueblo de sus abuelitos la deja mal parada, porque para un político quintanarroense no deben ser noticia los atractivos de nuestra capital, incluyendo la Casa de la Crónica que también conoció ayer, así como el Boulevard Bahía, donde trotó esta mañana la aspirante de Morena a la gubernatura.
Ayer Ana Paty tuvo una asamblea legislativa en el parque Aarón Merino de nuestra capital. Los asistentes fueron pocos y hay que ver este desnutrido debut como un punto de partida que le permitirá ir de menos a más, ya que su primer recorrido por Chetumal –ha tenido visitas oficiales relámpago y esas no cuentan– le sirvió para conocer los puestos de antojitos rompe dietas.
