Quintana Roo en 1986, cuando Maradona gana la Copa del Mundo en el Azteca

Javier Chávez Ataxca
CAFÉ DE ALTURA
Hace 40 años nuestro país, solito, organizó la Copa del Mundo ganada por Argentina a Alemania en el Azteca. Entonces Quintana Roo disfrutaba la mejor etapa de su historia, con niveles de criminalidad observables con microscopio, abundante empleo y una clase política concentrada en el PRI, con su joven gobernador cozumeleño Pedro Joaquín Coldwell ya de salida.
Algunos que hoy viven clavados en la pantalla del celular, alimentando plataformas como el Tik Tok y tecleando ocurrencias en las madrugadas, acaso habrán probado ese Quintana Roo de siete municipios que aún no había sido castigado por el huracán Gilberto.
Siento que el país era mucho mejor y más solidario, como se demostró en 1985 con el terremoto del 19 de septiembre. El mexicano se tendió la mano con el corazón en la peor tragedia colectiva de los últimos tiempos, narrada con maestría por Jacobo Zabludovsky al recorrer edificios derrumbados con muertos y heridos.
Y 40 años después vuelve la Copa del Mundo a nuestro suelo, pero ahora compartida como plato de pozole con dos grandulones y uno de ellos se queda con la mayor parte: Estados Unidos.
Ahora Quintana Roo está muy mal, con corrupción extrema de sus políticos, abundantes criminales que matan a la primera reacción y gente solidaria en las redes, no en los actos.
Muchos han hablado de los precios de locura para entrar a los estadios, prohibiciones y decisiones absurdas y sanguinarias —Estados Unidos impidió la entrada a un árbitro somalí—, rematadas con intolerancia y voracidad de pirañas.
Y para acabarla de amolar, el fiestón ha sido contaminado en Ciudad de México por los maestros de la CNTE, profesionales de la protesta y la marrullería.
Muy mal que la Presidenta Claudia Sheinbaum deje vacío su asiento en la magna inauguración en el Azteca, con el partido de nuestra decepción nacional contra Sudáfrica. Miguel de la Madrid acudió en la inauguración y se llevó una rechifla masiva, con miles de irreverentes menciones a su jefecita.
Claro, en 1986 no habían nacido las redes sociales y hoy la Presidenta prefiere evitar el Coliseo romano, porque las masas fuera de control son despiadadas y tienen la daga entre los dientes.
