Como el perro de las dos tortas


¿Es posible estar bien con Dios y con el diablo al mismo tiempo?
Es la pregunta que flota en San Caralampio.
Y es que, la verdad, son muchos los que se encuentran en una encrucijada. Ser o no ser es el dilema. La indecisión se clava en la espalda como una puñalada que, ¡diablos!, hace mucho daño.
Todos quieren ver con claridad el futuro y con dos suspirantes no se puede.
Tienen que escoger partido. Nadar de a muertito no es tan aconsejable que se diga.
Los suspirantes por su parte, hacen lo que la prudencia aconseja en estos casos.
Tanto Gino como Rafa Marín pepenan todo lo que caiga. Es hora de sumar, de contabilizar adeptos. A nadie le hacen el feo. A todos les sonríen. A todos apapachan. Se toman la foto con quien sea. Le aceptan un saborín a cualquier desconocido.
Son prospectos a la gubernatura y se han mentalizado para hacer a un lado cualquier gesto de amargura que pueda ponerlos de a pechito frente al malsano comentario de sus adversarios. Sonreír, pues, es la consigna.
Aquí, todo suma. Nada resta. Se trata de mostrar músculo y el librito dice que el primer paso es evidenciar que nadie le hace el feo a tus convocatorias en eventos en donde mientras más cristianos hagan acto de presencia más incomodas y haces entrar en duda al adversario.
Si consigues que algún fan contrario dude de estar en el lado correcto, ya es ganancia.
Esta es la etapa más complicada del proceso, en junio viene una especie de confirmación oficial que indicará qué tanto ha servido romperse el alma para conseguir el objetivo.
Si te nombran Coordinador de Defensa de la Cuarta Transformación, ya la hiciste. De allí al estrellato hay un solo paso. Prácticamente tienes amarrado el objetivo.
Se puede comenzar a repartir las tajadas más suculentas del pastel. Puedes hacer compromisos que impliquen palabras mayores. De esas que solo se dicen una vez y con eso el pacto queda sellado al menos todo lo que dura un sexenio.
Pero, ¡oooh, nooo!, las señales que vienen desde las alturas no son tan claras que se diga.
Eso provoca que muchos grillitos, grillos y grillotes aún no sepan a dónde dirigir sus pasos.
Quienes dedican vida y alma a la política, están ante un dilema: ¿Quién les garantiza una vida sin tanto sobresalto durante el próximo sexenio?.



