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Nacido para ser un trotamundos

Estas últimas horas, “El Pato” vuelve a ser tendencia en las redes sociales.

La mayoría pide amparo, benevolencia para este personaje netamente chetumaleño que ha vuelto a las calles acompañado de otro vagabundo, una especie de solovino, que se le ha pegado como una garrapata.

Unos critican a las autoridades, otros hacen lo propio con sus familiares. Ambas partes quedan como palo de gallinero en los comentarios que se desgranan al respecto.

La realidad es que este caballero es un espíritu libre, es un vagabundo por excelencia, es un ave incapaz de permanecer en una jaula aunque esta sea de oro.

La calle es su hogar, es en donde se siente a sus anchas, media ciudad es suya y recorrerla es el mejor privilegio que el tipo puede permitirse.

Es una especie de alienígena que lo mismo aparece en el centro de la ciudad que en alguna alejada colonia de la periferia.

Así que, lo más prudente, en vez de criticar acremente a quien quizá no tenga velas en el entierro, hay que llevarle algo para que “empaque” en el estómago y listo (y unas croquetas para el fiel “guarura”).

Su felicidad está en la calle.

Se siente a sus anchas, la disfruta.

Ponerle puertas y ventanas a un vagabundo es condenarlo al sufrimiento.

¡Goza tu ciudad, “Pato”, es toda tuya!

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