Déjame te Cuento
Ángel Solís
Mucho antes que las encuestas en 2021 dieran a María Elena Lezama Espinosa como candidata de Morena a la gubernatura, un político cancunense ya impulsaba su candidatura entre diversos personajes del norte y sur del estado, buscando el respaldo para su hoy jefa política. Su nombre: Jorge Carlos Aguilar Osorio, quien hasta este fin de semana ocupa la titularidad de la Secretaría de Desarrollo Agropecuario, pudiendo ser sus últimos días en el cargo.
Y es que el evento del pasado viernes de la entrega de la placa de indicación geográfica de Miel de Abeja Melipona, realizado en céntrico hotel de Chetumal, evidenció que al “Topo” —como se le conoce al ex dirigente estatal del PRD— lo tienen castigado, porque fue apartado del presídium y enviado como un espectador más a la tercera fila de los asistentes.
Por si faltara más castigo, ni siquiera fue requerido para acompañar a la gobernadora y a sus invitados al recorrido por los stands de productores de miel de los municipios de José María Morelos, Felipe Carrillo Puerto y Tulum, pese a ser el responsable de las actividades agropecuarias en todo Quintana Roo.
Ex diputado local, exdirigente estatal del extinto PRD y ex secretario general del ayuntamiento en Cancún, es evidente que al Topo Osorio lo tienen marginado de las actividades del gobierno; su inclinación a un proyecto político a la gubernatura, diferente al oficial, quizás sea el motivo del frío trato que le estén dando, por no querer alinearse.
En la administración pública hay elementos muy buenos para hacer trabajo de escritorio y otros muy buenos haciendo política. El Topo es muy bueno haciendo lo segundo y es uno de los pocos opositores que se atrevieron a alzar la voz como diputado local, en el gobierno de Roberto Borge Angulo.
Se acercan los tiempos de definiciones políticas, por lo que el político cancunense, así como se la jugó en 2021 y le resultó, este 2026 tendrá que hacer lo mismo y deberá analizar si salta de una vez del barco marista para sumarse a otro proyecto a hacer política, o decide sentarse en el escritorio hasta septiembre del próximo año a llenarse de telarañas.
Por lo pronto este viernes le aplicaron lo de la pobre muñeca fea de Cri-Cri: lo olvidaron en un rincón.






