Freno al Parque Báalam Tun en Chetumal por presunta destrucción arqueológica

(Diario Cambio 22)
El Parque de la Memoria Báalam Tun, construido en Chetumal para concentrar monumentos mayas retirados de la ruta de los Tramos 6 y 7 del Tren Maya, permanece cerrado, sin personal, sin acceso público y sin una fecha definida para comenzar operaciones, a pesar de que hace un año fue presentado como uno de los mayores proyectos de rescate y reubicación arqueológica de América Latina.
Detrás de sus puertas cerradas existe además una controversia mucho mayor, una denuncia penal presentada ante la Fiscalía General de la República (FGR) que involucra a 26 funcionarios y exfuncionarios del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), entre ellos su exdirector Diego Prieto y Manuel Pérez Rivas, responsable del proyecto de salvamento arqueológico.
El recinto fue creado para albergar estructuras mayas que, de acuerdo con el INAH, tuvieron que ser retiradas de su ubicación original para garantizar su conservación ante la construcción del Tren Maya.
La decisión de trasladarlas fue definida institucionalmente como una “medida excepcional” de protección del patrimonio arqueológico.
Sin embargo, investigadores del propio INAH sostienen una versión radicalmente distinta, aseguran que el proyecto terminó sirviendo para ocultar la destrucción de yacimientos arqueológicos originales afectados por el paso de la infraestructura ferroviaria.

DE PROMESA ARQUEOLÓGICA A PARQUE CERRADO
Báalam Tun ocupa un predio de 2.8 hectáreas, propiedad del Gobierno de Quintana Roo, ubicado al poniente de Chetumal, entre vegetación y colindante con el Parque Quintana Roo, cerca de la salida hacia Bacalar y sobre la avenida Insurgentes.
Su inauguración fue anunciada en julio de 2025 y se proyectó que comenzaría a recibir visitantes a finales de agosto de ese mismo año.
Entonces fue promocionado como el proyecto arqueológico de reubicación, restauración y rehabilitación “más grande de América Latina”.
Inicialmente se aseguró que el rescate comprendía 47 estructuras arqueológicas y que en los trabajos habían participado 29 arqueólogas y arqueólogos, utilizando tecnología para reconstruir “pieza por pieza”monumentos provenientes de localidades como Juan Sarabia, González Ortega y Francisco Villa, además de otros sitios afectados por el trazo ferroviario en Othón P. Blanco.
La información actual, sin embargo, reduce la cifra a 36 monumentos.
A un año de aquel anuncio, las puertas continúan cerradas.
El lugar, que combina estructuras con vestigios mayas y áreas que incluyen juegos infantiles, quedó prácticamente detenido después de las críticas formuladas por integrantes del Sindicato Nacional de Investigadores, Profesores y Docentes del INAH.

ARQUEÓLOGOS LO CALIFICARON COMO UNA “FALSIFICACIÓN”
La controversia escaló el 20 de agosto de 2025, cuando investigadores cuestionaron públicamente la forma en que se realizó la reubicación.
A partir de esos señalamientos se integró una Comisión Especial de arqueólogos que finalmente pudo ingresar e inspeccionar Báalam Tun el 19 de noviembre de 2025.
La conclusión de sus integrantes fue particularmente grave, determinaron que se trataba de una “falsificación”que, desde su perspectiva, buscaba justificar la destrucción masiva, intensiva y extensiva del patrimonio arqueológico.
La polémica alcanzó incluso al nombre del proyecto.
Originalmente fue presentado como Parque Arqueológico Báalam Tun, pero posteriormente pasó a denominarse Parque de la Memoria Báalam Tun.
El arqueólogo Jesús Evaristo Sánchez Sánchez sostiene que el cambio ocurrió después de los cuestionamientos sobre el rigor arqueológico de las intervenciones y afirma que el parque “no tiene nada de arqueológico”.
Actualmente el complejo permanece solitario, sin personal y sin acceso para visitantes.
Margarito Molina, director del Centro INAH Quintana Roo, confirmó que no está permitido ingresar y que tampoco se contempla por ahora su apertura debido a que el lugar “es parte de un litigio”.
El funcionario declinó profundizar sobre el caso.
Ese litigio está relacionado con una denuncia penal de 89 páginas, que acompañada de sus anexos supera las 600 páginas y alcanza tanto a funcionarios y exfuncionarios del INAH como al propio proyecto Báalam Tun.
La querella fue presentada el 7 de julio de 2026 ante la FGR en Chetumal por los arqueólogos Jesús E. Sánchez y Jaime Garduño, integrantes de la Comisión de Protección y Regulación del Patrimonio Arqueológico, Histórico y Paleontológico del Sindicato Nacional de Investigadores, Profesores y Docentes del INAH.

DENUNCIAN DESTRUCCIÓN DE MONUMENTOS PARA DAR PASO AL TREN MAYA
El fondo de la acusación se encuentra directamente relacionado con la construcción de los Tramos 6 y 7 del Tren Maya, que atraviesan el sur de Quintana Roo y parte de Campeche.
La querella sostiene que monumentos arqueológicos originales localizados sobre el trazo ferroviario fueron destruidos para permitir el paso del tren y que posteriormente algunos de sus elementos fueron trasladados a Báalam Tun, donde habrían sido incorporados a construcciones nuevas.
Sánchez Sánchez, también director de Estudios Arqueológicos, sostiene que toda esa región presenta una enorme concentración de vestigios, incluyendo estructuras todavía no exploradas ni registradas, algunas de las cuales habrían resultado dañadas o destruidas durante los trabajos ferroviarios.
De acuerdo con su explicación, el supuesto rescate consistió en desmontar fachadas, paredes y muros de sitios arqueológicos originales.
El problema, advierte, es que detrás de esas fachadas se encontraban núcleos que muy probablemente contenían vestigios, entierros y ofrendas, los cuales habrían quedado expuestos, abandonados y sometidos a las condiciones climáticas después del retiro de sus elementos exteriores.
ACUSAN QUE CONSTRUYERON EDIFICIOS NUEVOS CON PIEZAS DE SITIOS ORIGINALES
Las fachadas desmontadas fueron posteriormente trasladadas al terreno de Báalam Tun.
Según Sánchez Sánchez, fueron utilizadas para revestir edificios nuevos con estructuras procedentes de otros sitios arqueológicos ubicados en localidades ejidales, entre ellas Francisco Villa, Juan Sarabia y Jesús González Ortega, con el objetivo según su acusación de “simular una restauración”.
El investigador sostiene que el proyecto de salvamento habría operado como una estrategia para ocultar la destrucción intensiva y extensiva de monumentos arqueológicos, conducta que considera constitutiva de delito.
RESPONSABLE DEL SALVAMENTO RECHAZA QUE HUBIERA “FALSIFICACIÓN”
Manuel Pérez Rivas, encargado del proyecto de salvamento, rechaza completamente esa interpretación.
Asegura que los monumentos trasladados no fueron fragmentos aislados ni piezas seleccionadas arbitrariamente, sino edificaciones y conjuntos arquitectónicos que conservaron su configuración e integridad arqueológica y arquitectónica hasta donde sus condiciones físicas lo permitieron.
Explicó además que numerosas estructuras ya presentaban colapsos parciales, pérdida de elementos, daños provocados por saqueos o deterioro ocasionado por procesos naturales acumulados durante siglos.
Su postura es que fueron trasladados monumentos completos hasta donde su conservación y la evidencia arqueológica disponible hicieron posible la intervención.

32 ARQUEÓLOGOS, 12 RESTAURADORES Y CUATRO ARQUITECTOS
Pérez Rivas también ofreció cifras diferentes sobre el personal involucrado.
Según su versión, la operación contó con 32 arqueólogos, 12 restauradores, cuatro arquitectos, dos pilotos de dron, dos topógrafos, dos especialistas en procesamiento fotogramétrico, un enlace técnico encargado de integrar la información generada y un auxiliar administrativo.
El responsable del salvamento sostiene que trasladar los monumentos fue una decisión de última instancia, adoptada únicamente después de determinar que ya no era posible realizar nuevos desvíos en el recorrido ferroviario y que tampoco existían condiciones técnicas y de seguridad para conservar las estructuras dentro del derecho de vía.
La alta densidad arqueológica de la región representó otro problema: modificar nuevamente el recorrido para evitar determinados monumentos, argumenta, habría significado impactar otros conjuntos e incluso una cantidad mayor de vestigios.
De acuerdo con Pérez Rivas, el Consejo de Arqueología analizó individualmente cada caso y solamente autorizó la exploración total y posterior reubicación cuando se consideraron agotadas tanto la conservación in situ como las posibilidades de modificar el recorrido ferroviario.
La prospección arqueológica relacionada con los monumentos de Báalam Tun ocurrió entre julio y septiembre de 2024, mientras que los traslados fueron realizados durante el primer semestre de 2025.
INAH ASEGURA QUE NO DESTINÓ UN PRESUPUESTO ESPECÍFICO
Otro punto relevante es el financiamiento.
De acuerdo con la explicación del responsable del proyecto, el INAH no asignó un presupuesto específico para la construcción y adecuación de Báalam Tun.
Los trabajos se habrían realizado mediante aportaciones en especie de personal especializado, materiales, herramientas y otros insumos, sin una erogación del Instituto cargada expresamente a una partida presupuestaria para el parque.
El recinto cuenta finalmente con 36 monumentos arqueológicos, no los 47 difundidos originalmente.
Su principal secuencia de ocupación corresponde a los periodos Clásico Temprano, entre 300 y 600 d.C., y Clásico Tardío, entre 600 y 900 d.C.
Según la información proporcionada posteriormente por Pérez Rivas, los monumentos proceden del Tramo 6, en las inmediaciones de Huay Pix y Xul-Ha, y del Tramo 7, de sitios cercanos a Jesús González Ortega y Nicolás Bravo.
Esta versión excluye a Francisco Villa y Juan Sarabia, localidades que habían sido mencionadas originalmente entre los sitios de procedencia de las estructuras.
La defensa institucional sostiene que el salvamento arqueológico se encuentra contemplado tanto en la normatividad nacional como internacional como mecanismo para proteger patrimonio amenazado por proyectos de infraestructura.
Los estudios técnicos realizados en el subsuelo habrían determinado que conservar las estructuras arqueológicas dentro del derecho de vía podía comprometer la estabilidad y seguridad de la infraestructura ferroviaria.
También se evaluó protegerlas in situ mediante geomalla, pero las cargas resultantes no cumplían con los parámetros de seguridad requeridos para el terraplén.
La alternativa de modificar nuevamente el recorrido tampoco fue considerada viable debido, entre otros factores, a la enorme densidad de monumentos arqueológicos en la zona: una variante, argumentaron los responsables, habría trasladado el impacto hacia un número incluso mayor de vestigios.

UN PARQUE TERMINADO, PERO SIN FECHA PARA RECIBIR VISITANTES
La explicación oficial sostiene además que el aplazamiento de la inauguración no deriva de la denuncia penal.
Pérez Rivas atribuyó el retraso a modificaciones en el cronograma relacionadas con “criterios técnicos” y aseguró que el proyecto continúa en una “fase activa” de preparación, en coordinación con instituciones estatales y federales.
El propósito, señaló, es garantizar que eventualmente exista acceso gratuito y desarrollar contenidos educativos relacionados con el valor patrimonial de los monumentos mayas y con los trabajos de salvamento arqueológico.
Por ahora, sin embargo, el contraste es evidente: el proyecto que hace un año era promocionado como el mayor ejercicio de reubicación y restauración arqueológica de América Latina permanece construido, cercado y sin visitantes, mientras las estructuras que alberga se encuentran en el centro de una disputa entre especialistas del propio INAH sobre la forma en que fueron retiradas de sus emplazamientos originales.
No existe siquiera una fecha tentativa para que Báalam Tun finalmente abra sus puertas.
La apertura, de acuerdo con la información proporcionada, será anunciada conjuntamente por la Secretaría de Cultura federal, el INAH y el Gobierno de Quintana Rooúnicamente cuando estén concluidos y definidos los procedimientos necesarios para la operación del área.
