Resistencia, resiliencia y reconocimiento

Visión Intercultural
Francisco J. Rosado May
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A finales del mes pasado se conmemoró un aniversario más de la Guerra de Castas, el 179. Corrió, una vez más, tinta, bytes, palabras, discursos, reuniones públicas. No hace falta hacer un estudio detallado para encontrar qué asuntos y palabras se retomaron, repitieron, una vez más.
En este 2026, el 179 aniversario del inicio de la Guerra de Castas se dio en un contexto particular, la consulta pública para la Ley de los Derechos de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos. Bueno, ya se había dado en el pasado porque si bien es la primera vez que se va a contar con una legislación con el nombre antes mencionado, ya existen leyes relacionadas con el tema, como la Ley general de los Derechos Lingüísticos, la Ley Federal de Protección del Patrimonio Cultural de las Comunidades Indígenas y Afromexicanas. La Constitución también provee un marco legal, especialmente en sus Artículos 2 y 27.
Asumiendo que la consulta pública de la nueva ley se haga bien y acorde con los lineamientos internacionales que exigen el resguardo de los Derechos de los Pueblos Indígenas, y, al mismo tiempo sí se escuche realmente las diferentes voces participantes, sería interesante programar una evaluación en un par de años para ver qué ha cambiado con la nueva Ley que seguramente se va a promulgar este año.

Si revisamos los datos oficiales y especialmente los no oficiales, no es de extrañar que se encuentren situaciones como las siguientes. La inversión pública dirigida a los pueblos Indígenas y Afromexicanos ha ido disminuyendo. El nivel de vida deja mucho que desear. El nivel de desnutrición y dependencia alimentaria no es adecuado. La calidad en infraestructura y servicios de salud, educativos, de suministro eléctrico, entre otros, están muy por debajo de su contraparte urbana. La incidencia de enfermedades como obesidad, diabetes, gastrointestinales, no ha bajado. Etc. ¿Cuántos de estos indicadores van a cambiar con la nueva Ley? Veremos.
La gran cantidad de tinta, bytes, palabras, etc., expresadas en el 179 aniversario de la Guerra de Castas, de cierta forma retoma lo expresado anteriormente. Veamos otro contexto.
Los pueblos Indígenas, en México y en todo el planeta, han resistido por muchos años las embestidas de dominación colonial, económica, política, social, e incluso cognitiva. Recordemos aquel dicho de “un solo México, un solo idioma, una sola religión”. Nada más equivocado, una pérdida de oportunidad de desarrollo con un enfoque diferente. La resistencia vivió momentos de derramamiento de sangre, como la Guerra de Castas.

Pero la alta capacidad de resistencia no estuvo sola. Se acompañó de una característica que los colonizadores, en forma física y mental, no esperaban que hay que hacer visible: la resiliencia, la capacidad de resistir, pero manteniendo la esencia cultural, identitaria y cognitiva. No se trató de resistir por resistir. Lamentablemente, este proceso también está bajo una extraordinaria amenaza de naturaleza diversa, que tratan de impedir el tercer eje de la lucha Indígena: el reconocimiento.
El reconocimiento debe ser total, identitario, cognitivo, cultural, con espacios de co-laboración, co-ordinación, co-operación, todo en un ambiente seguro para todas las culturas que tratamos de construir un país multicultural, pero con enfoque intercultural.
La pregunta es ¿Esta ley que se está gestando, tendrá el diseño y compromiso gubernamental para no ser una ley más que no rinda resultados para los Pueblos Indígenas y Afromexicanos? Veremos.
Es cuanto.
