En el combate por la gubernatura caribeña, la 4T es fuente inagotable de retadores

Javier Chávez Ataxca
CAFÉ DE ALTURA
En Quintana Roo ya no es novedad que el partido hegemónico genere su propia oposición y hasta sea devorado por uno de sus cachorros, como hizo Carlos Joaquín con el PRI en 2016, para expulsarlo de la gubernatura y dejarlo en cueros. Y ahora la misma 4T le genera adversarios a Morena, como pasó en 2022 y con toda seguridad en 2027, con Palacio de Gobierno como trofeo.
En 2022, para disputarle la gubernatura a la morenista Mara Lezama saltó al ruedo la expriista Laura Lynn Fernández Piña, alcaldesa verde de Puerto Morelos con licencia que en ese momento se había peleado con el insaciable “Niño Verde” Jorge Emilio González Martínez.
La aguerrida Laura desplazó a la senadora panista Mayuli Martínez Simón y fue candidata del PAN, PRD y Confianza por Quintana Roo.
La exchetumaleña Mayuli de nuevo lo intenta y ahora puede ser superada por el cancunense Gustavo Miranda García, quien con los colores del Verde fue líder del Congreso y también rompió con el “Niño Verde”.
Pero en la otra esquina Movimiento Ciudadano le hace ojitos a Gustavo; en Chetumal le coqueteó su líder nacional Jorge Álvarez Máynez con un saludo, sin que viniera al caso; así admitió un fuerte interés en tenerlo como candidato estelar, aunque se sulfure su exdirigente estatal José Luis Pech Várguez.
Y ya que hablamos del Doctor Pech, en el combate de 2022 por el trono mayor cambió la casaca guinda por la naranja para ser candidato de Movimiento Ciudadano. Pech era senador de Morena desde 2018 y al perder se llevó su escaño al partido liderado en las alturas por el veracruzano Dante Delgado.
Moraleja: la oposición está tan desnutrida en Quintana Roo, que ni siquiera puede lanzar a un candidato desafiante y aplaude a las figuras desprendidas del poderoso rival. Y el PRI, el PAN y Movimiento Ciudadano tuvieron varios años para ejercitar a dos o tres gallos de pelea o gallinas copetonas.
