Carne de cañón


Al ciudadano de la calle, el que todos los días tiene que talachear desde muy temprano para llevar el pan a casa, le vale un pito la soberana “madri…na” que se están asestando los políticos que pretenden obtener un “hueso” en las próximas elecciones.
A ellos lo único que les les preocupa es partirse el alma para que la tortilla y los frijoles nunca falten a la hora en que a sus hijos le empiecen a gruñir las tripas cuando sienten hambre.
Que otros se la “partan” entre ellos en busca de posiciones privilegiadas en los gabinetes tanto municipales, como estatales y federales, les importa un comino.
El hambre es cabrona. De esto solo pueden dar fe los que se se han roto el alma desde muy pequeños para poder poder subsistir en este mundo en donde solo los muy pícaros viven a cuerpo de rey mientras continúan buscando la forma de seguir exprimiendo la ubre del gobierno.
Ser omiso a lo que hacen los políticos tampoco es algo muy recomendable, ya que de eso se aprovechan los vividores del presupuesto, esos cristianos que no saben hacer otra cosa en esta vida más que darle vuelo a la lengua para embaucar a sus semejantes y conseguir de esta manera su ascenso en la política.
Lo más prudente es estar ojo al parche. El billete que se gastan los políticos no es de ellos. Es dinero público que proviene del aporte de quienes mes a mes se “retratan”ante el SAT para cumplir con el religioso pago de sus impuestos.
Si usted es de los jodidos, como la gran mayoría, que se dedican a trabajar como vil esclavos, es recomendable no descuidar el acontecer político para que a la hora de acudir a las urnas no lo hagan a ciegas.
Los “grillos”, siempre hiperactivos, no deben tener manga ancha para hacer y deshacer con un patrimonio que, en teoría, les pertenece a todos.
