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Otros aires


Roberto Borge, después de emerger de los requintos infiernos.
Ayer rodeado de un fuerte olor a azufre, hoy respirando el aroma de exquisitos perfumes que despiden los sobacos de sus distinguidos visitantes.
¡Ay, la vida!
Hoy no está precisamente en la gloria, pero, después del calvario carcelario, las horas en libertad domiciliaria compartiendo con sus semejantes han de transportarlo al mismito paraíso.
