¡Aguas que ahí viene “El Quino”!


Joaquín González Castro es un político de los antiguos, de los prudentes, de los que cuidaban el prestigio, de los que no daban un paso sin tener la certeza de que estuvieran en el rumbo correcto.
Su luz brilló en la época en que los políticos no hacían tanta faramalla ni mentían tanto para conquistar el ánimo de las multitudes, en los años en qué hablaban más las acciones que la misma lengua.
No había TikTok, no había “feis”, no había Instagram ni otros artilugios que pudieran hacer el milagro de transformar a un farsante en luminaria.
Alguna vez estuvo a un tris de obtener la tan ansiada gubernatura.
!Puf!, se le escapó por un pelito.
Un grupo de políticos celosos del éxito ajeno le armaron un argüende y, ¡chin!, por un supuesto jarochismo mal entendido se quedó chiflando en la loma.
Lo que son las cosas. Y pensar que hoy a los “grillos” del patio les vale un soberano cacahuate esa parafernalia llamada quintanarroismo.
Hoy, González Castro, ya con el colmillo completamente retorcido, desempolva los arreos. Saca del cajón las empolvadas herramientas que alguna vez utilizó las 24 horas del día.
Está en su mero mole. Le encanta la atmósfera de batalla que se respira en estas épocas. El olor a pólvora es lo suyo. La trinchera y demás recursos que hacen menos complicada la batalla le es tan familiar como la balanza con la que se identifica a la justicia mexicana.
Esto se pone bueno. Entre tanto guerrero novato que se cree un Julio César, siempre es bueno que un estratega veterano venga a reclamar sin tanto estruendo el espacio que alguna vez fue suyo.
Movimiento Ciudadano se sacó la lotería al tener la opción de colocar a este cristiano como su principal estratega en la gran batalla que se avecina.
